Ya es hora de que hablemos del vanilla shaming

It's about time we spoke about vanilla shaming

Hay algo en el juego del "Yo nunca" que me llena de pavor. A pesar de tener 32 años y haber dejado atrás la adolescencia hace mucho, la sola mención del juego me produce un escalofrío incómodo. Parece bastante inocuo: empieza con confesiones inofensivas como "Yo nunca robé un sujetador de Victoria's Secret a los 13 años", pero invariablemente acaba derivando en declaraciones audaces como "Yo nunca tuve sexo en la Gran Muralla China".

Cuando se trata de hablar de momentos sexuales e intimidad, a menudo parece que nos vemos obligadas a elegir un bando entre dos extremos del "espectro sexual": o nos quedamos calladas y reservadas (deseando que la tierra nos trague) o se espera que entretengamos a nuestras amistades con historias desternillantes sobre los encuentros y experiencias sexuales más salvajes y arriesgados que hayamos tenido (¡como el sexo en la Gran Muralla!). Si te sales de esos extremos, corres el riesgo de que te tachen de mojigata. Es una división curiosa que he intentado asimilar durante mi vida adulta y, recientemente, he llegado a identificarla por lo que es: vanilla shaming.

¿Qué es exactamente el vanilla shaming?

Se trata de avergonzar a las mujeres por ser "vainilla", es decir, por preferir la forma convencional de tener sexo. Un momento, ¿qué? Adelante, léelo otra vez. Sí, has leído bien.

Puede que ahora mismo te estés rascando la cabeza, preguntándote: "¿Qué demonios es el vanilla shaming?" o, tal vez, hayas sido víctima de ello (no te preocupes, no estás sola). La sexóloga certificada Megwyn White explica que el "vanilla shaming" es un juicio que se emite sobre quienes eligen mantener su vida sexual de una forma más tradicional. Este juicio puede adoptar diversas formas, desde la burla sutil hasta ser tachada de "mojigata" o "frígida", o incluso el aislamiento absoluto.

Durante una conversación sincera con una amiga, Sophie me dijo una vez: "Parece que hay una competición tácita sobre quién tiene el sexo más aventurero". Nunca olvidaré que dijera eso, ya que yo también recuerdo haber sentido exactamente lo mismo. Sin embargo, era un tabú del que nadie hablaba, pero algo que siempre había tenido en mente, preguntándome si mi nivel de placer sexual era "normal". El hecho de que no tengas sexo en los monumentos más famosos del mundo no significa que debas ser juzgada por ser "vainilla".

Etiquetar a alguien como "vainilla" puede provocar sentimientos de alienación e insuficiencia, algo que nadie debería sentir respecto a su propio placer sexual. Aun así, es importante recalcar que cada preferencia sexual, incluida la "vainilla", es igual de válida y emocionante. La salud y el placer sexual deben centrarse siempre en la alegría y la satisfacción personal, libres de la presión social de ajustarse a una determinada narrativa de lo que está "bien", "mal" o es "normal". No existe lo normal. Somos tan únicos como nuestras preferencias sexuales, y estas deben ser respetadas. Celebremos nuestra individualidad, afirmemos nuestras identidades sexuales únicas y recordemos: no existe un estándar "normal" en la salud y el placer sexual. ¡Haz lo que te haga feliz y te haga sentir bien!

Señales de que podrías estar sufriendo vanilla shaming

"Vanilla shaming": ahora que lo hemos definido, puede que estés ahí sentada repasando mentalmente todos estos años y preguntándote: "¿Lo habré experimentado alguna vez?". Identificar el vanilla shaming puede ser complicado; a menudo no es explícito y puede presentarse en forma de bromas que parecen inofensivas o comentarios casuales. Pero no te preocupes, hemos reunido algunas señales que podrías detectar. Recuerda que tu placer sexual es parte de tu individualidad y merece respeto y validación ❣️

Comentarios o bromas casuales: Esta es quizás una de las formas más comunes de vanilla shaming. Por ejemplo, si alguien descarta tus preferencias con un comentario como: "Siempre eres tan vainilla. ¿No quieres probar nunca algo más emocionante?", es una señal clara de humillación. Están menospreciando tus preferencias como aburridas o poco aventureras.

Sentirse incómoda o culpable: La respuesta emocional que tienes durante las conversaciones sobre tus preferencias sexuales también puede ser reveladora. Si estas charlas te dejan una sensación de inquietud, vergüenza o culpa, es posible que te estén avergonzando. Por ejemplo, si estás en una charla grupal donde todo el mundo comparte sus hazañas aventureras y tú te sientes reacia o avergonzada de compartir tus experiencias más tradicionales, podrías estar sufriendo vanilla shaming.

Sentirse inferior: Si los comentarios o actitudes de alguien hacia tus preferencias te hacen sentir insuficiente o anormal, esto podría ser una señal de vanilla shaming. Un ejemplo podría ser que tu pareja te diga: "Mi ex siempre estaba dispuesta a probar cosas nuevas. Ojalá fueras más así". Esta comparación no solo socava tus preferencias, sino que también puede hacerte sentir inadecuada o fuera de lo común.

Comentarios sutiles y persistentes: El vanilla shaming no siempre es evidente. Puede presentarse en forma de comentarios sutiles y continuos que minan tus preferencias. Por ejemplo, una amistad podría bromear constantemente sobre tus gustos "predecibles" o una pareja podría sugerir continuamente prácticas nuevas y más aventureras, ignorando tu comodidad con los enfoques más tradicionales.

Recuerda que tus preferencias sexuales son parte de quién eres y deben celebrarse. Nadie tiene derecho a avergonzarte por ellas. Sigamos abrazando nuestra individualidad y defendiendo conversaciones sanas y abiertas sobre el bienestar sexual.

Qué hacer si estás sufriendo vanilla shaming

Tras desentrañar las señales del vanilla shaming, puede que te sientas identificada con algunas de las experiencias mencionadas. Esto puede hacer que te sientas un poco abrumada, pero no te preocupes: estos sentimientos son completamente normales. Lo importante es que has dado el primer paso: el reconocimiento. Ahora es el momento de pasar a la siguiente fase: la acción. Exploremos algunas formas de abordar y superar el vanilla shaming, ¡porque nadie merece sentirse así!

Reconoce tus sentimientos: Ante todo, comprende que es perfectamente aceptable tener las llamadas preferencias "vainilla". No hay ningún estándar ni expectativa que debas cumplir en tu viaje sexual. Tus sentimientos y preferencias son válidos. Si disfrutas y te sientes cómoda con prácticas sexuales más tradicionales, está perfectamente bien y deberías sentirte orgullosa de saber lo que te gusta.

Comunica tu malestar: Si sientes que te están avergonzando, es importante que expreses tus sentimientos a la otra persona. Podrías decir algo como: "Cuando haces bromas sobre mis preferencias, me haces sentir incómoda y juzgada. Te agradecería que respetaras mis gustos igual que yo respeto los tuyos".

Establece límites: Indica claramente qué es aceptable y qué no en las conversaciones sobre tus preferencias sexuales. Podrías decir: "Me encanta hablar de nuestras experiencias y gustos, pero no me gusta que se menosprecien o se burlen de mis elecciones".

Reevalúa tus relaciones: Si una pareja, amistad o grupo sigue avergonzándote después de haber expresado tu malestar, puede que sea el momento de reconsiderar si esas relaciones son saludables para ti. Las relaciones deben basarse en el respeto y la comprensión mutuos; si tus preferencias sexuales son continuamente ignoradas, puede que necesites considerar distanciarte de quienes te causan malestar.

Autocuidado: El vanilla shaming puede pasar factura a tu salud mental. Es fundamental que te cuides. Esto podría implicar buscar la ayuda de un coach sexual para hablar de tu bienestar sexual, o regalarte esa tan necesaria cita de masturbación. Recuerda que no hay nada de malo en pedir ayuda.

Ante el vanilla shaming, defenderte a ti misma y a tus preferencias es clave. Recuerda que no hay nada "correcto" o "incorrecto" cuando se trata de preferencias sexuales consensuadas; solo lo que es adecuado para ti 💘

#NoMoreVanillaShaming

No dejes que nadie defina cómo debe ser tu viaje sexual. No hay una meta, ni un estándar perfecto. Lo que importa es que te sientas cómoda, satisfecha y que encuentres alegría en tus experiencias. Sé consciente de tus propios sentimientos y deseos, y recuerda extender el mismo respeto a los demás. No se trata solo de evitar que te avergüencen, sino también de tener cuidado de no avergonzar a los demás sin querer. Presta atención a tu lenguaje y actitudes, y asegúrate de que sean respetuosos e inclusivos con todas las preferencias sexuales.

Si te encuentras luchando con estos problemas, o si simplemente quieres aprender más sobre cómo entender y abrazar tus preferencias sexuales, que sepas que hay ayuda disponible. Nuestra sexóloga residente, Sara Tang, está aquí para ofrecerte apoyo y orientación en tu camino hacia el bienestar sexual. No dudes en ponerte en contacto si necesitas a alguien con quien hablar: no estás sola.

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Abraza lo que te da alegría, descubre a tu propio ritmo y nunca dejes que nadie más dicte tu narrativa sexual. Eres única, tu placer es único y eso es algo que hay que celebrar. Recuerda siempre: tu viaje sexual trata sobre ti y sobre lo que te hace feliz, ¡así que haz lo que te resulte cómodo!

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